Enfermo con una tisis tuberculosa, Bolívar se aísla en una hacienda en Santa Marta, junto con sus compañeros, sirvientes y el médico Alejandro Próspero Reverand.
Su agonía, además de ser producto de una enfermedad avanzada y sin cura, surge sobre todo del rechazo y la incomprensión que recibió de algunos sectores del continente, así como de su lucha sin fin por una libertad inalcanzable.