A pesar de que Bernardo Soler y Alberto Molins han vivido con entusiasmo su encuentro en el Jardín Botánico, no saben que esa coincidencia va a marcar el último periodo de sus vidas.
Ellos aprovecharán los elementos que el destino les brinda (la enfermedad trágica y dolorosa; el encuentro inesperado y nostálgico; la amistad que estimula y asocia riesgos excitantes) para lanzarse a una intranquila obsesión.