Son finales de los años sesenta y un pueblo está a punto de ser ahogado porque el gobierno decidió construir ahí una presa.
Los habitantes son exhortados, de una u otra forma, a abandonarlo todo y empezar de nuevo en cualquier otro lugar. Poco a poco las familias van sucumbiendo ante lo inevitable, salvo Violeta, quien se rehúsa a partir, abandonar a sus muertas, dejar sus raíces.