Ana y Julia viven con sus padres en el sur de Chile. La época turbulenta de la dictadura las obliga a vivir en la clandestinidad y pasan los días jugando en un bosque, usando nombres falsos cuando se topan con extraños. El padre dibuja animales para explicarles el peligro, mientras la madre planea rutas de escape y rompe cartas escondida en el baño. Conforme la realidad los alcanza, los prismas de la infancia se van desvaneciendo.