Esta es la historia de lo que puede resistir la paciencia de la mujer y de lo que es capaz de lograr la tenacidad del hombre. Si la influencia lubricante del oro en el mecanismo de la ley para investigar cada caso sospechoso y conducir cualquier proceso tuviera un papel secundario, los sucesos que vamos a narrar en estas páginas podrían haber reclamado la atención pública ante los tribunales de justicia. Pero la ley, en algunos casos, se encuentra a las órdenes de quien tiene más repleta la bolsa, y por eso es que aquí, por primera vez, contamos la historia tal como debió haberla oído algún día el juez; es así como el lector se enterará de todo lo sucedido.