Después de terminar con su pareja y tirar a la basura las posibilidades de un buen estatus migratorio, Silvia recurre a los únicos amigos que le quedan.
Así aterriza con el corazón roto en el sofá cama de Javier y Teresa, y a cambio del hospedaje pacta con la pareja hacer el aseo del pequeño apartamento en el que viven. Este acuerdo los confrontará con aquello que creen desear.