Rosa es una señora feliz. Jubilada de una de las pasiones de su vida –enseñar matemática a «sus pichoncitos» en el colegio–, vive sola en un apartamento lleno de luz que da a la calle, visita con regularidad a su médico de cabecera y se preocupa por su vecina Norma, que tiene unos años menos que ella pero peor salud y bastantes más angustias.