Roberto es un hombre acostumbrado a vivir a su aire, a hacer lo que le da la gana. Un hombre independiente. Y lleva toda la vida siéndolo. Se jubiló hace seis años pero, a sus setenta y un años, sigue traduciendo. Desde hace años, la señora Dolores, la portera, tiene una copia de las llaves y sube a limpiar el piso un par d e veces por semana.