A pesar de los graves cambios que traían los años 60, como la lucha por los derechos civiles, la igualdad de los afroamericanos, el movimiento hippie y el fin de la guerra de Vietnam, que traía consigo una promesa de una sociedad mejor, Vallejo y Benicia, dos pequeñas ciudades al noreste de San Francisco, mantenían una vida tranquila: los crímenes se podían contar con los dedos de la mano.