Hace siglo y medio la intolerancia religiosa en México se hallaba en plena efervescencia, al grado de que la mayoría católica --en ocasiones azuzada por sus sacerdotes-- desataba actos criminales contra los creyentes de otras doctrinas y sus ministros.
Así ocurrió en Ahualulco de Mercado, pequeña población de Jalisco, cuando la furia colectiva cayó sobre un joven pastor protestante.