Acusada de pertenecer a una célula terrorista, Nahr purga una condena en aislamiento solitario mientras recuerda los dramáticos eventos que la llevaron hasta ese momento extremo. Nacida en Kuwait en los años setenta e hija de refugiados palestinos, Nahr soñaba con enamorarse del hombre perfecto, tener hijos y abrir su propio salón de belleza. Sin embargo, el hombre que creía amar la abandonó después de un breve matrimonio, su familia quedó sumida en la pobreza y ella se vio arrastrada hasta Irak, donde fue forzada a prostituirse y, tras la invasión estadounidense, terminó por convertirse en una refugiada como lo fueron sus padres.