En Noches blancas, un joven soñador recorre las calles de San Petersburgo entregado a sus fantasías románticas. Durante una de las breves noches de verano conoce a Nastenka, una joven tan sola como él, con quien comparte una historia marcada por la ilusión, la esperanza y la melancolía.
Por su parte, El jugador muestra una faceta más intensa y psicológica del autor, retratando la obsesión por el juego, las pasiones humanas y el conflicto interior de sus personajes.