Cuando las madres consentidoras hacen sentir a sus hijos que son lo máximo, no les dan seguridad interna, y al llegar a la adolescencia adoptan una masculinidad agresiva -derivada de la televisión y los ejemplos de sus amigos-. Sus madres y algunas de sus amigas se desviven por ellos y solapan su egoísmo. Así es el machismo-narcisismo (y su contraparte: la sumisión resentida de las mujeres)