Olván está en un lugar lejano. Su camino hasta allá no fue fácil: el sol quemante, las piedras clavadas en los pies, el hambre y la sed apretando sin piedad. Así atravesó varios países, uno de ellos inmenso, de extremo a extremo. Y ahora no sabe si podrá seguir su camino. Tiempo atrás lo había pensado: “¿Qué pasa si me voy?”. Cuando cumplió ocho años decidió irse. Buscar a su papá, encontrarlo, trabajar duro y mandar dinero a su familia. O, quizá, llevarlo de vuelta al caserio.