Imagina, por así decirlo, una enfermedad que, sin síntomas externos perceptibles, pueda apoderarse de todo tu cuerpo sin previo aviso. Una enfermedad que se transfiera fácilmente de padres a hijos; una que pueda durar toda la vida si no se trata. Según el Dr. Paul Conti, es así como la sociedad debería conceptualizar el trauma: como una epidemia fuera de control con un pronóstico potencialmente fatal si no se comprende y trata correctamente.