El ánimo permanente de mejora que nos domina y la búsqueda de soluciones mágicas que nos liberen de todos nuestros males pueden desembocar en la creación de un "falso yo" que, si bien es maravilloso a ojos de los demás, está en realidad muy alejado de nuestra verdadera identidad.
La búsqueda constante de nuestra luz nos lleva así a una proyección sesgada y culpable de nuestra persona, porque nuestra realidad es mucho mejor que esa imagen transmitida.