La escritura de Arnoldo Kraus es conmovedora. No porque enternezca sino porque altera, perturba, sacude fuertemente nuestra alma. A diferencia de otros escritores, no lo hace de manera violenta o extravagante, sino serena, paciente, ecuánime, como si su oficio de médico lo obligara a auscultar cuidadosamente cada aspecto de sus personajes: sus miedos, sus dramas, sus tragedias, sus alegrías que, de una u otra forma, son también las nuestras en tanto seres humanos.