Froylán le enseña a su pequeña hermana, Silvina, a soñar con ovejas eléctricas. La pequeña Silvina, que como buena niña no traza la burda línea que los adultos usan para separar los sueños de la realidad, emprende una búsqueda por su ovejita eléctrica. Y dónde más iba a encontrarla sino en el mercado de La Lagunilla.