Desplazados desde Europa con multitud de anhelos y codicias varias, antes de emprender el duro camino de la invasión y la posterior conquista de esos territorios, los expedicionarios hispanos llevaron a cabo una tarea no menos hercúlea: conocer y recorrer los enclaves donde se iban a asentar por generaciones. Casi nunca fue fácil. Pocas veces obtuvieron la anhelada recompensa.