El estoicismo, surgido en la Grecia helenística, se desarrolló ampliamente en la Roma imperial hasta convertirse en uno de los movimientos de mayor influencia cultural, filosófica y social de la Antigüedad tardía. Su planteamiento proponía una vía práctica para alcanzar la felicidad, a través del ejercicio de la virtud y del conocimiento de la razón, que permitieron que estas enseñanzas lograran expandirse en la sociedad romana.