¿Crees que es fácil ser faraón y tener a todos a tus pies dispuestos a obedecer tus caprichos? Pues no, ¡estás cometiendo un error tan grande como un hipopótamo del Nilo! Si no pregúntaselo a Tutankamón, el faraón más joven de Egipto. Entre niñeras regañonas y (excesivamente) aprensivas, consejeros tramposos, templos que nunca terminan de construirse y aburridísimas ceremonias, es imposible hacer amigos. A menos que... se rompan las reglas.