Delilah Green juró no volver a Bright Falls, donde no le quedan más que recuerdos de su solitaria infancia en la que era poco más que una carga para su fría y distante madrastra.
Su vida está en Nueva York, donde su carrera como fotógrafa está tomando impulso y su cama nunca está vacía. De acuerdo, la acompaña cada noche una mujer distinta, pero ya está bien así.