Hay momentos en los que nos parece tentador hacer la vista gorda ante algo que nos molesta. Como neoyorquina, no soy ajena a ver el sufrimiento humano.
Mientras transito por las abarrotadas aceras de mi ciudad, es algo cotidiano encontrarme con alguien que no encaja del todo, alguien que no se apresura a ir y volver de las citas con la urgencia de todos los demás, alguien sin un atuendo elegante o cosas bonitas.