Tras varios años de excedencia, la crisis lleva a Augusto Bongiorno a retomar su plaza de profesor de Filosofía en un instituto de nombre aciago: Instituto Gracián.
Allí se encontrará con un grupo de alumnos de Bachillerato cada uno de su padre y de su madre, que, más que proporcionarle quebraderos de cabeza, lo arrastran a una vida de aventura que no deseaba.