La enseñanza de la matemática no debe reducirse a una simple transmisión de conceptos del profesor hacia los alumnos, sino que debe consistir en un auténtico proceso de descubrimiento por parte del estudiante, para que adquiera las técnicas generales de resolución de problemas y desarrolle procesos mentales de tipo lógico que le permitan incursionar en amplios campos del pensamiento y de la vida, y no solo en parcelas de cálculo como simple ejercicio o para la aplicación de fórmulas en casos particulares.