¿Alguna vez has sentido pánico durante una junta importante? ¿La relación con tus jefes o clientes te ha hecho sentir vergüenza de ti mismo? ¿Tienes ganas de renunciar un día sí y el otro también? Es posible que estés enfocando tu atención en las consecuencias y no en la raíz del problema: las heridas del alma que llevas al trabajo.