¿Has experimentado el síndrome de la impostora? ¿Te has sentido insuficiente? ¿Culpable por querer más? ¿Tienes vergüenza? ¿Crees que necesitas ser pequeña, estar callada y bien portada para ser amada?
Si la respuesta a estas preguntas es afirmativa, sufres de una herida que va más allá de tu madre, tu abuela, e incluso de tu familia. Es una lesión generacional del colectivo femenino. La buena noticia es que la puedes trabajar y curar a nivel personal.