-Me enamoré de un imbécil, Es un imbécil, Todos los hombres en los que me fijo son unos imbéciles- ¿Cuántas veces hemos escuchado estos reclamos? O peor aun ¿Cuántas veces los hemos hecho? -Es un imbécil, no sabe apreciarte. Te mereces algo mejor que ese imbécil-, nos dicen nuestras amigas a modo de consuelo, pero ¿realmente queremos algo mejor, o somos nosotras mismas quienes nos saboteamos buscando a estos personajes que no dejan de decepcionarnos.