Tras Frutas y Ópera, he querido rendir homenaje a mi madre, quien me decía que una sencilla flor podía conquistar el mundo. Para mí, no hay nada más elegante que montar una flor con una manga pastelera. Montar una crema, una ganache o un merengue te permite da run equilibrio estético y suculento a un postre. Las flores son un campo de juego infinito para un pastelero. Símbolo de vida, de elegancia y de pureza, permiten jugar con los colores, las formas y los ingredientes.