Es divertida, es terrorífica, es magníficamente misteriosa. A Mallory Vayle le interesan las cosas normales, los libros sobre ponis y, desde luego, NO hablar con muertos.
Pero cuando el carruaje de sus padres se cae del puente Gibbett, un accidente para el que no parece haber explicación, es acogida por una extraña tía a la que la familia había repudiado años atrás y llevada a su nuevo y espeluznante hogar.