El cuerpo siente y expresa las emociones a través de movimientos y actitudes.
La sonrisa ilumina la cara, la rabia nos aprieta y el miedo nos mueve a escondernos. Hablar de las emociones con los niños, promueve la comunicación empática, evita malestares físicos que podrían complicarse y advierte al adulto sobre situaciones que requieren mayor protección.