Publio Cornelio Escipión solo tiene veintiséis años cuando acepta comandar las tropas romanas en Hispania, heredando así los feroces enemigos de su padre.
Sus opositores también le acechan en el Senado de Roma, donde logran forzarle a liderar las legiones V y VI: legiones malditas, constituidas por soldados supervivientes de Cannae, la más humillante derrota de Roma ante Aníbal.