En julio de 1949 ingresa en un hospital de Roma un hombre aquejado de una afección hepática aguda. Lo han llevado allí unos monjes y se registra bajo el nombre de Reinhardt, que resulta ser falso.
Lo visitan un obispo, un médico y una dama prusiana. El paciente acaba falleciendo y la dama prusiana envía una carta a la familia.