Todos somos juzgados por la manera en que hablamos, sobre todo cuando buscamos un puesto, un ascenso o un voto, pero también cuando sólo queremos expresar lo que deseamos, lo que pensamos, lo que sentimos. La realidad es que no siempre somos comprendidos, y a veces ni siquiera escuchados. Entonces, en ocasiones, preferimos callar.