Omar sale de su escondite debajo del camastro y encuentra el cadáver de Catalina, su querida; encima, yace a su vez el cuerpo aún humeante de quien en rigor era su novio: el Mariachito, líder del inservible pero pudiente sindicato ferrocarrilero. Aún incrédulo de no ser el amante muerto, sabe que su única oportunidad de seguir vivo es su pasaporte español, por lo que decide huir a Madrid antes de que la venganza del Concho, perro guardián del occiso, lo alcance.