Finales de octubre, pasada la medianoche. Estás esperando a tu hijo de dieciocho años. Ha superado con creces su hora de llegada. Miras por la ventana y lo ves por fin aparecer. Pero te das cuenta de que no está solo: camina directo hacia un hombre, y va armado. Y cuando ves lo que hace, no puedes creer lo que está pasando: tu hijo adolescente, un chico divertido y feliz, acaba de matar a un desconocido en la calle, delante de tu casa.