Lázaro es un muchacho desarrapado a quien la miseria obliga a emplearse como sirviente. Las inocentes ya veces justificadas burlas con las que Lázaro se defiende de sus amos son castigadas con una crueldad brutal. Así, garrotazo a garrotazo, la simpleza y credulidad del Lázaro de las primeras páginas ceden paso a la sagacidad ya la astucia propias del más clásico y típico de los pícaros