Del 68 tenemos la memoria indeleble del sacrificio de los jóvenes en Tlatelolco, así como los testimonios de algunos de los actores. El poder mató a los jóvenes y atemorizó al país argumentando que era víctima de una conspiración a ratos comunistas, a ratos de la CIA, a ratos de los filósofos de la destrucción y, en todos los casos, de los enemigos de México.