¿Recuerdas el momento esta mañana cuando elegiste lo que te ibas a poner? ¿Fue un acto consciente o uno rutinario? ¿Lo resolviste como una ecuación o esquivaste la avalancha de opciones que se lanzaban sobre ti eligiendo lo primero, lo obvio, «lo de siempre»?
Si supieras que una decisión sobre tu persona se toma, en gran medida, con base en tu aspecto, ¿le dedicarías más tiempo?